Ahora y en la hora de nuestra muerte

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“En 2009 la Fundación Calouste Gulbenkian puso en marcha un proyecto de cuidados paliativos domiciliarios en el altiplano mirandés, en Trás-os-Montes…»

«…de aldea en aldea, una médica, enfermeros y otros profesionales de la salud ayudan a decenas de enfermos de diferentes edades, condiciones sociales y circunstancias familiares a pasar el final de la vida con el mayor bienestar posible y a morir, acompañados, en casa. Este libro es el resultados de varias visitas, entre junio y octubre de 2011, a ese proyecto y esas personas”.

Con esta nota es como empieza el libro: Ahora y en la hora de nuestra muerte, el primer libro de la periodista Susana Moreira, quien viajó hasta el centro de la muerte y encontró vida. “No es la idea de lo desconocido lo que asusta: es la idea de que no haya desconocido; fin y se acabó”, escribe la autora.

Durante su viaje por el aislado noroeste portugués, Moreira vivió como propia la muerte ajena, conociendo a personas que la asumían y a otras que se enfrentaban a ella. El libro consta de historias cortas, amargas, delicadas y personales.

En resumen, en la primera parte recoge fragmentos, notas y reflexiones sobre el fallecimiento, la vejez o la soledad pero en la segunda, la periodista pone nombre a los enfermos, a sus familiares o a la aldea en la que se reúnen para comer, reír o llorar en unos capítulos más novelados que tienen como protagonistas a Paula, João, Maria, Elisa y Sara.

Moreira escribe: “La muerte es sobre todo un proceso físico. La muerte de literario tiene poco”. Y es que de media, en 2010, una persona murió cada 38 días en estas aldeas y pueblos, en un área que en total abarca 1.728 kilómetros cuadrados. Por eso el conjunto de estas páginas es un acercamiento a la muerte que «se ha acicalado para que la miremos a los ojos sin tanto miedo, pero con la misma presión inamovible en el pecho».

Ahora y en la hora de nuestra muerte es un reportaje periodístico, una serie de reflexiones sobre la soledad, el amor, el olvido y la muerte, a la que Moreira ve una y otra vez.

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