Los libros con los mejores finales

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Al hablar de libros y de literatura siempre, en algún momento de la conversación, se escucha una frase que dice «el libro merecía la pena leerlo sobretodo por como acababa». Y es que el desenlace final después de todas sus páginas previas es el que nos deja con esa sensación que solo te la da el leer. Por eso hoy hablamos de los finales, de algunos de los libros con mejores finales.

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

«Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra».

Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell

“Pensaré en todo esto mañana, en Tara. Allí me será más fácil soportarlo. Sí, mañana pensaré en el medio de convercer a Rhett. Después de todo, mañana será otro día”.

Crimen y castigo, de Fiodor Dostoievski

«Pero aquí empieza otra historia, la de la lenta renovación de un hombre, la de su regeneración progresiva, su paso gradual de un mundo a otro y su conocimiento escalonado de una realidad totalmente ignorada. En todo esto habría materia para una nueva narración, pero la nuestra ha terminado».

El principito, de Antoine de Saint-Exupéry

«Examínenlo atentamente para que sepan reconocerlo, si algún día, viajando por África cruzan el desierto. Si por casualidad pasan por allí, no se apresuren, se los ruego, y deténganse un poco, precisamente bajo la estrella. Si un niño llega hasta ustedes, si este niño ríe y tiene cabellos de oro y nunca responde a sus preguntas, adivinarán en seguida quién es. ¡Sean amables con él! Y comuníquenme rápidamente que ha regresado. ¡No me dejen tan triste!»

Ana Karenina, de León Tolstói

«Pero a partir de hoy mi vida, toda mi vida, independientemente de lo que pueda pasar, no será ya irrazonable, no carecerá de sentido como hasta ahora, sino que en todos y en cada uno de sus momentos poseerá el sentido indudable del bien, que yo soy dueño de infundir en ella».

 

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